Derechos del menor: los niños artistas

Oct 27, 2021

En gran parte de los países, la actividad profesional infantil está prohibida, salvo en el mundo del espectáculo. Esta relación laboral, profundamente reglamentada, se rige a fuertes protocolos y medidas de seguridad. La meta es blindar la infancia para que los niños estén encantados sobre los escenarios. En esta entrada se analizará los derechos del menor en la industria del espectáculo.

En España, el Estatuto de los Trabajadores restringe el trabajo infantil a menores con edad inferior a los 16 años, a excepción de los espectáculos públicos, Un real decreto de 1985 concreta en qué supuestos pueden ejercer estos niños artistas.

Por ejemplo, estos niños no se les permite realizar horas extras, ni trabajar en horario nocturno o ser partícipe en espectáculos que acarreen peligrosidad. Un tutor o representante tiene que monitorizar los rodajes y los ensayos y asistir con el menor. Los niños actores deben gozar de un tiempo libre apropiado para proseguir con regularidad sus estudios y no separarse de la familia y los amigos.

Esto justifica que disfruten de “un conjunto de condiciones laborales particulares en relación al resto de los trabajadores, como más descansos o límites de jornada más bajos”, apunta Julio García Cantó.

Dentro de los derechos del menor, cada industria tiene sus normas concretas. Por ejemplo, en los teatros de Madrid, donde es habitual que los menores protagonicen musicales como El rey león o Billy Elliot, “los niños de 4 a 16 años no pueden ejercer más de 5 horas diarias, incluyendo ensayos. Asimismo, no se les está permitido “realizar dos actuaciones en un mismo día” y no puede existir discriminación salarial “por razón de la edad”.

Cuando Carlitos Alcántara hizo aparición por primera vez en la serie televisiva “Cuéntame cómo pasó” (la cual protagonizaba), Ricardo Gómez, el actor, tenía 7 años. Representantes del Grupo Ganga, la productora de la serie, apuntan que, en estas situaciones, deben mantener rígidamente los protocolos que señalados por la autoridad laboral para que los jóvenes concilien la vida de actor con la de estudiante y niño.

“Contaban con profesores en el plató, pero el crédito de sus logros académicos y profesionales es únicamente suyo”, explica la productora. Igualmente, en la Comunidad de Madrid, “los actores menores pueden grabar un máximo de 5 horas al día y con un máximo de 2 días por semana”.

¿Pueden los menores firmar sus propios contratos? La pregunta conlleva debate. Patricia García, socia directora de Laboral de FILS Legal, añade que el acuerdo laboral tiene que firmarlo los padres en nombre del hijo. Únicamente es imprescindible el consentimiento complementario del menor “si tuviere suficiente juicio”, acorde a la ley. La problemática se halla en determinar qué entendemos por “suficiente juicio”.

Los tribunales deben decidir en qué supuestos un menor puede considerarse maduro con el fin de que su opinión sea tenida en consideración. De esta forma, en el caso de niños muy pequeños (siete, ocho o nueve años), la potestad para firmar el contrato de trabajo “va a corresponder exclusivamente en sus padres”, señala Patricia García, mientras que a edades de 11 o 12 años lo usual es que “se exija también la firma del menor”.

Derechos del menor | Cotizar como artistas

En cualquier caso, la autoridad laboral contempla con detalle que todos los derechos del menor estén en orden antes de otorgar el permiso de trabajo, que siempre “tiene carácter excepcional”, asegura la abogada. Una vez firmado el contrato, el menor se convierte en un trabajador y pasa a cotizar por ello, así que “se le da de alta en la Seguridad Social, en el régimen de artistas”, explica Jaime Garrido, socio director del despacho especializado en derecho del entretenimiento Visualiza Legal.

Dentro de este esquema legal, la cesión de la imagen de los niños es una materia peliaguda. Es frecuente que los actores, al convertirse adultos, se oponen a que su imagen se continúe vinculando a una película que los estanca, o a un anuncio que mucha gente recuerda.

La firmeza inicial, propia o parental, tiene complicada marcha atrás. Garrido apunta que, generalmente, a partir de los 14 años los menores tienen posibilidad de ceder voluntariamente su propia imagen.

En la situación de niños de edad inferior, los padres o los tutores toman la decisión por él. En opinión del abogado, esto implica que si el afectado, una vez adulto, exige una indemnización por la utilización de su imagen, “las acciones legales deberían ser dirigidas contra sus progenitores o los tutores legales”. El plazo de reclamación, además, es corto: 4 años “desde que el legitimado hubiera podido presentar su acción civil contra cada intromisión ilegítima”.

Esto no quiere decir que los menores estén a merced de los padres. El Ministerio Fiscal puede participar de oficio si contempla que la integridad del menor involucrado en un espectáculo o en una película se halla en situación de peligro. “Si el uso de la imagen o el nombre del menor en los medios de comunicación menosprecia la honra o reputación del menor, quedará invalidada la autorización otorgada por él o por sus representantes legales”.

Igualmente, contratar a niños sin cumplir los protocolos puede acabar en sustanciales sanciones. La ley clasifica estas acciones con gran gravedad, resalta Julio García Cantó, por lo que las multas para las productoras “pueden ir desde los 49.181 hasta los 983.763 euros”.

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