Nuevas formas de trabajo en la Era Digital: Gig Economy

Mar 2, 2021

El término ‘gig’ proviene de la jerga musical y se refiere a las actuaciones cortas que realizan los grupos musicales, coloquialmente conocidas como ‘bolos’, y muy frecuentes durante el verano.

Con un crecimiento exponencial y con muchas aplicaciones sin duda innovadoras, la gig economy puede compararse con el trabajo de un ‘freelance’ o el de un autónomo, ya que consiste en aceptar encargos de una duración concreta y sin exclusividad con la empresa contratante. Promete flexibilidad, comunicación online, teletrabajo, y deslocalización. Es decir, la posibilidad de trabajar para una empresa que se encuentra a miles de kilómetros de distancia.

 

La Gig Economy y su impacto en el mercado laboral

La gig economy también tiene su impacto en el mercado laboral al favorecer los trabajos esporádicos, de duración reducida y en los que el contratado se encarga de una labor específica dentro de un proyecto. Es decir, una especie de contrato por obra y servicio que ya existe en España, aunque llevados a cabo por trabajadores que ejercen una actividad por cuenta propia.

En España, la regulación en torno a la gig economy la establece el régimen de autónomos. De hecho, una persona puede ser simultáneamente autónomo y trabajador por cuenta ajena cuando su jornada laboral como asalariado sea a tiempo completo, o a tiempo parcial superior al 50 %. A esta situación se le denomina pluriactividad. Concretamente la figura que más se amoldaría a esta nueva forma de prestación de servicios es el TRADE (Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente), creado en la Ley 20/2007, del Estatuto del Trabajador Autónomo, siendo aquellos que realizan una actividad a título lucrativo y de forma habitual, personal, directa para una persona física o jurídica denominada cliente, del que depende económicamente por percibir al menos el 75 por ciento de sus ingresos.

 

Beneficios de la Gig Economy

Sin duda, tiene muchas ventajas tanto para las empresas (que únicamente pagan las horas efectivamente trabajadas, las ‘productivas’) como para los trabajadores, a los que se les brinda una flexibilidad horaria y laboral que les permite encajar sus habilidades con proyectos específicos.

Una de las características fundamentales es que los trabajadores controlan su carga de trabajo y los encargos que aceptan, por lo que disfrutan de una mayor flexibilidad frente a los trabajadores tradicionales que están sometidos a las directrices de sus empleadores. Son los propios trabajadores los que deciden qué encargos aceptan y cuáles no.

En conclusión, un trabajador independiente o Gig Economy se definiría como aquel trabajador que elige cuándo y cuánto trabajar, que se mueve entre varios trabajos o encargos simultáneamente y que tiene múltiples empleadores o clientes.

 

La Gig Economy y los falsos autónomos

Una vez que hemos descrito sus características, vamos a indicar los principales contras que nos encontramos en la normativa laboral española: Caso de los “riders

Las empresas digitales han argumentado en defensa de sus intereses que su actividad se limita a facilitar un servicio tecnológico de intermediación o contacto, pero no la prestación de un servicio. Con esto se pretende que no les sea de aplicación la normativa laboral, de Seguridad Social y Fiscal, con el consiguiente ahorro en costes.

En el caso de los repartidores de comida a domicilio, se discutió si debían considerarse trabajadores autónomos o si, por el contrario, existían las notas de laboralidad que conllevarían a considerarlos trabajadores por cuenta ajena.

Hasta este año no existía unanimidad en los tribunales, dictándose sentencias para todos los gustos de los Juzgados de lo Social y de los Tribunales Superiores de Justicia. Pero en septiembre de 2020, el Tribunal Supremo, Sala de lo Social, ha resuelto dar la razón a los repartidores, al considerarlos “falsos autónomos” y, por tanto, trabajadores por cuenta ajena contratados por la plataforma, en este caso Glovo. La resolución se basa en lo siguiente:

El Tribunal Supremo considera que concurren las notas definitorias de una relación laboral, particularmente las notas de dependencia y ajenidad, puesto que la empresa es la que fija las condiciones esenciales para la prestación del servicio, además de ser la titular de los activos esenciales para la realización de la actividad, es decir, de la plataforma digital. Asimismo, los repartidores o riders no disponen de una organización empresarial propia y autónoma, y prestan el servicio insertados en la organización de trabajo del empleador.

En conclusión, las nuevas formas de trabajo y empresas basadas en la aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y plataformas de economía colaborativa traen consigo nuevos retos que deberán ser afrontados por el legislador, para proteger las relaciones laborales y la precariedad laboral.

Julio García Cantó

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