De la legítima y su cálculo

Jul 12, 2021

¿Tenemos realmente libertad para testar?

Una de las cuestiones más controvertidas dentro de la doctrina es la relativa a si el testador debe gozar de la facultad absoluta de disponer y distribuir sus bienes conforme a su voluntad o, por el contrario, esa autonomía ha de quedar limitada ante la existencia de determinados familiares, a los cuales la Ley les reconoce unos derechos que sí y solo sí han de ser respetados, salvo que incurran en causa de desheredación.

Nuestro Derecho sucesorio se configura sobre la base de un sistema de legítimas, donde rige el principio de autonomía de la voluntad del causante, si bien esa libertad de disponer se encuentra sujeta a una serie de limitaciones (legítima).

La legítima, según dispone el artículo 806 de nuestro Código Civil, es la parte de la herencia de la que no puede disponer libremente el testador, de suerte que le corresponde por Ley a determinados herederos forzosos por el mero hecho de ostentar dicha condición, salvo que éstos incurran como hemos referido anteriormente en alguna causa de desheredación.

¿Quiénes son los herederos forzosos?

La respuesta nos la ofrece el artículo 807 del Código Civil, que establece que son, y por este orden:

  1. Los descendientes del causante (hijos).
  2. Los ascendientes del causante (padres).
  3. El cónyuge viudo.

¿Cómo se calcula la legítima?

El cálculo de la legítima comprende una serie de operaciones (computación, imputación y colación) que tienen como objetivo determinar la cuota que legalmente le corresponde a cada uno de los legitimarios.

La computación es el cálculo global de la legítima. Se trata de obtener el valor líquido de los bienes que integran la herencia. Según el artículo 818 de nuestro Código Civil, la legítima se calcula adicionando al valor de la herencia (bienes que el causante deje a su fallecimiento menos las deudas que pesan sobre los mismos) el valor de las donaciones otorgadas en vida por el causante.
Activo (bienes y derechos) – Pasivo (gastos y deudas) + donaciones efectuadas en vida.

La imputación tiene como objetivo determinar la legítima individual que corresponde a cada heredero forzoso.

La legítima y su cálculo

1.- La legítima de los hijos: A los hijos les corresponden 2/3 del total de los bienes del causante. Por tanto, éste sólo podrá distribuir libremente la tercera parte de sus bienes.
Dentro de la legítima podemos distinguir entre:

  • Legítima estricta: Habrá de ser distribuida a partes iguales entre todos los herederos forzosos.
  • Tercio de mejora: Es aquél tercio que el testador puede distribuir libremente entre sus herederos. A falta de reparto específico, el tercio de mejora se distribuye proporcionalmente entre todos los herederos.

2.- La legítima de los padres o ascendientes: En este caso hay que distinguir entre:

  • Si concurren con hijos o descendientes del causante: No les corresponde ningún derecho.
  • Si concurren con el cónyuge viudo: Le corresponde 1/3 del caudal hereditario.
  • Si no concurren con ninguno de los anteriores: Le corresponde ½ del caudal hereditario.

3.- La legítima del cónyuge viudo: Éste ostentará la condición de heredero forzoso siempre y cuando no se haya separado (judicialmente o de hecho) ni divorciado. Su legítima va a depender de los restantes herederos forzosos con los que concurran, de suerte que hay que distinguir entre las siguientes situaciones:

  • Si concurre con hijos o descendientes: Le corresponde el usufructo del tercio de mejora.
  • Si concurre con padres o ascendientes: tendrá derecho al usufructo de la ½ de la herencia.
  • Si no concurre con ninguno de los anteriores: le corresponderá el usufructo de 2/3 de la herencia.

La colación es aquella operación que tiene por objeto traer a la herencia los bienes o derechos que el causante haya donado a los herederos forzosos en vida, por lo que se deben reintegrar en la masa hereditaria para hacer un reparto equitativo.

¿Puedo renunciar a la legítima?

Sí, siempre y cuando se haga de forma explícita ante Notario y con posterioridad al fallecimiento del causante. La consecuencia de la renuncia será que, una vez producida la misma, la parte del renunciante acrecentará el caudal hereditario, pues la parte que a él le correspondería pasa a formar parte del mismo, debiendo repartirse proporcional y equitativamente al resto de los herederos forzosos que concurren legítimamente a la herencia.

Manuel Cazalilla Ruiz
Abogado Senior en García Carbonell Abogados

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